
Y yo que esperaba no sé a quién del otro lado de la calle delotoño, una noche de bufanda que me encontró desvelado, entre dientes oí a la muerte, que decía, que decía así: "¡Cuántas veces se habrá escapado como laucha por tirante, y esta noche que no cuesta nada, ni siquiera fatigarme! Podemos llevarnos un cordero con sólo cruzar la calle..." Yo me escondí tras la niebla y miré al infinito, a ver si llegaba ése que nunca iba a venir.
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